Hoy le he vuelto a ver. Yo caminaba de vuelta a casa, pensando en cualquier nimiedad, ajena al resto de la calle. Su coche ha aparecido desde la esquina, la otra acera se me antojaba y yo cruzaría por delante en ese mismo momento, pero en un arrebato de diversión he decidido desviarme de mi trayecto, íbamos en la misma dirección, y delante de su coche, en medio de la calzada he preferido andar despacio, no dejando que su coche fuera a más de diez km/h. Pasos firmes, piernas juntas, pantalón ajustado, le he obligado durante unos diez minutos a ir detrás de mi, a mirar mi culo, a observar mi arrogancia.
sábado, 28 de abril de 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
noche infinita
De estas noches en que la almohada querría huir de mi, son las cuatro
de la madrugada y soy incapaz de apagar los motivos por un rato. Un mosquito seco merodea a mi
alrededor buscando el momento perfecto para sobrevivir a mi costa, menudo descaro el mosquito. Hoy es una de esas noches en que por mucho que te agradan las
sábanas porque están frescas pese al calor, hay un deseo,
una idea e imáneges que se repiten y no dejan que me abandone al cansancio.
Esta noche no me la roba un desamor ni una angustia de esas que
desearíamos fuera un mal sueño, ¡lo juro! Me lo roban varias ilusiones aun
por llegar, no son reales y aun sin que llegaran a materializarse, me
dan coraje e intensidad. Es de estos dias en que veo como mi vida no pasa por mi misma mientras me quedo
mirando. Esta es una gran noche de las que desearía infinita.
miércoles, 25 de enero de 2012
palabras rotas
Y en medio de las palabras se dicen cosas que tu no entiendes, cosas que solo se interpretan cuando uno no está en sus cabales.
Rincones adornados con delirios diarios. Sueños reflejados en las paredes. Ideas sangrantes escupidas.
Rincones adornados con delirios diarios. Sueños reflejados en las paredes. Ideas sangrantes escupidas.
lunes, 23 de enero de 2012
about_me
sunshine.chocolate.ellos.añosatras.lengerie.verdeazulado.amor.diseño.perderse
música.desnudo.morentes.noche.misticidad.jimmorrison.cremasaromáticas.batidodefresa
eresmicomplice.androginia.ojalá.arte.agua.ellasrapadas.barbarella.purpurina.letras
nancy.copadevino.vísceras.ellas.rio.metrópoli.rapunzel.feminismo.serieB.barbas.naif
risas.cine.crear.bañolaberíntico.janisjoplin.campo.piel.transgresión.sweetchaos
domingo, 22 de enero de 2012
cuento. estimulación de amor
A pesar de sus seis años en común, la pareja se caracterizaba por cuidar sus detalles, detalles que pocos se atreverían a llevar a la realidad, por simple pereza. ¿Sabeis que un día viajaron juntos en un tren de Madrid a Valencia en asientos separados? La única cercanía fue el roce erizante de sus brazos al cruzarse por el pasillo y una rápida visita al baño para recordar algunos lunares del cuerpo de uno y otros lunares del pubis del otro.
Jugaban a crear situaciones sin la necesidad de planearlas, les iban surgiendo y se dejaban llevar confiando en la diversión.
Tenían una vida como cualquier pareja, sus trabajos, sus problemas, sus inseguridades e ilusiones, creían en el amor verdadero, pero también en el real y efímero, así que se dedicaban a disfrutarlo.
Esta noche han cenado juntos, un viernes cualquiera, un grato viernes. Han paseado agarrados del brazo y riendo a carcajadas, quizá de cualquier joven atontado que se les cruzó. Han tomado un café en la preciosa cafetería de la esquina, un ambiente cálido e íntimo, se han insinuado el uno al otro en medio de conversaciones triviales, han hablado de sexo, de su sexo, se han guiñado el ojo. Lo han pasado bien.
Ahora han pagado su cuenta, se han colocado sus abrigos y abandonan el lugar. Ella le besa en la puerta de la cafetería. ¿Vamos a casa? la sonrisa de él es la respuesta. Viven a veinte minutos andando de aquella preciosa cafetería.
Ella comienza el camino por la acera delante de él, anda calmada, las manos en los bolsillos de su abrigo color teja hasta la rodilla, corte años cuarenta, medias finas negras y tacón color cuero. Él anda detrás, piensa en cualquier cosa, ella se gira y le sonríe, consigue atraer su atención, vuelve a mirar hacia adelante, ahora ella es su objetivo. La mira orgulloso, observa su andar, la mitad de sus piernas que el abrigo deja ver, su contoneo, el pelo largo que le cae por la espalda. Caminan calmados, tan cerca, compartiendo pensamientos. Él comienza a pensar en el deseo que le produce, analiza cada detalle de sus pasos, las líneas de sus piernas y el movimiento de su culo. Siete minutos del camino son para su culo. Mientras, ella se pregunta, qué parte de su cuerpo estará ahora mirándole y no deja de imaginar el momento de llegar a casa, y de auto alimentarse las ganas de desnudarle. Cada movimiento es estudiado, es una insinuación a su amante. Se recoge el pelo, lo amontona en su hombro izquierdo, llevándose la mano a la nuca, llevando a la vez la atención de su amor a ese punto exacto. Vuelve la mano a su bolsillo. Siete minutos son para el punto entre su oreja y cuello.
Atenciones a pequeños puntos que derivarán al del resto cuando ambos entren en el portal, o tal vez, elijan cualquier portal para besarse los ojos.
Jugaban a crear situaciones sin la necesidad de planearlas, les iban surgiendo y se dejaban llevar confiando en la diversión.
Tenían una vida como cualquier pareja, sus trabajos, sus problemas, sus inseguridades e ilusiones, creían en el amor verdadero, pero también en el real y efímero, así que se dedicaban a disfrutarlo.
Esta noche han cenado juntos, un viernes cualquiera, un grato viernes. Han paseado agarrados del brazo y riendo a carcajadas, quizá de cualquier joven atontado que se les cruzó. Han tomado un café en la preciosa cafetería de la esquina, un ambiente cálido e íntimo, se han insinuado el uno al otro en medio de conversaciones triviales, han hablado de sexo, de su sexo, se han guiñado el ojo. Lo han pasado bien.
Ahora han pagado su cuenta, se han colocado sus abrigos y abandonan el lugar. Ella le besa en la puerta de la cafetería. ¿Vamos a casa? la sonrisa de él es la respuesta. Viven a veinte minutos andando de aquella preciosa cafetería.
Ella comienza el camino por la acera delante de él, anda calmada, las manos en los bolsillos de su abrigo color teja hasta la rodilla, corte años cuarenta, medias finas negras y tacón color cuero. Él anda detrás, piensa en cualquier cosa, ella se gira y le sonríe, consigue atraer su atención, vuelve a mirar hacia adelante, ahora ella es su objetivo. La mira orgulloso, observa su andar, la mitad de sus piernas que el abrigo deja ver, su contoneo, el pelo largo que le cae por la espalda. Caminan calmados, tan cerca, compartiendo pensamientos. Él comienza a pensar en el deseo que le produce, analiza cada detalle de sus pasos, las líneas de sus piernas y el movimiento de su culo. Siete minutos del camino son para su culo. Mientras, ella se pregunta, qué parte de su cuerpo estará ahora mirándole y no deja de imaginar el momento de llegar a casa, y de auto alimentarse las ganas de desnudarle. Cada movimiento es estudiado, es una insinuación a su amante. Se recoge el pelo, lo amontona en su hombro izquierdo, llevándose la mano a la nuca, llevando a la vez la atención de su amor a ese punto exacto. Vuelve la mano a su bolsillo. Siete minutos son para el punto entre su oreja y cuello.
Atenciones a pequeños puntos que derivarán al del resto cuando ambos entren en el portal, o tal vez, elijan cualquier portal para besarse los ojos.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Romper
Miedo, valor aplastado por la apatía.
¿Cual fue el último riesgo que me lancé a correr?
¿Cual fue la última vez que salté al vacío?
Escalones de centímetros absurdos sin peligro siquiera de rotura. Barreras de cartón fácilmente abatibles que acabarán desapareciendo con lágrimas, mojados, deshechos, sin merito alguno.
Cadenas de papel, cadenas casi invisibles que impiden llegar a un jardín intenso.
Retroceder nunca, soy consciente, y he de asumir las grandes recompensas de romper con mis propios obstáculos.
¿Cual fue el último riesgo que me lancé a correr?
¿Cual fue la última vez que salté al vacío?
Escalones de centímetros absurdos sin peligro siquiera de rotura. Barreras de cartón fácilmente abatibles que acabarán desapareciendo con lágrimas, mojados, deshechos, sin merito alguno.
Cadenas de papel, cadenas casi invisibles que impiden llegar a un jardín intenso.
Retroceder nunca, soy consciente, y he de asumir las grandes recompensas de romper con mis propios obstáculos.
lunes, 14 de noviembre de 2011
añoranzas
Vengo de un portazo.
Bailo, movimietos cuidados, gesticulo imaginando que me ves por algún rincón entre la pared y el techo, o imagino que ese es ahora mismo tu mayor anhelo.
A veces quiero descansar en tu regazo implorando solamente calor, abandonándome a ti, y otras veces no quiero verte, porque mirarte me hace daño. Me cuesta respirar seguido si recuerdo una de tus sonrisas que me han pasado cerca, porque puedo asegurar que no eran para mi.
No se quién eres, no se si te necesito o no, pero sé de mi vacío.
Extraño abrigo, voz complice y regañinas, extraño extrañarte con recompensa final y extraño que me sobres.
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