Esta noche, como tantas últimamente, pides pizza para uno. Cenas mientras juegas con el mando a distancia a encontrar cualquier programa que te abstraiga de la realidad.
Te fumas un cigarro, piensas, reanalizas. No dudo que pegues un puñetazo al sofá. Te miras al espejo. Otro puñetazo se te pasa por la cabeza.
Lágrimas. No dudo que brotan las lágrimas.
Pasas por la habitación, aquella donde pasamos tantas horas, donde se concentraba el tiempo, y el calor casi irrespirable no nos importaba. Y es entonces cuando más ganas tienes de romper el espejo donde te ves.
No hay comentarios:
Publicar un comentario