Sé que no vuelvo a colgarme si no se presenta el caso en un contenedor de basura. Y es que no sé huir de esa dichosa manía de recoger almas rotas, de verme reflejada en otros cuerpos abandonados a ser la carroña de la vida, y que no dudan en escupir a la mínima que dudan de mi.
Tiene recuerdo cada hueso que quedó seco por la falta de música.
Tiene recuerdo la lengua, cuarteada de haberme dejado de besar.
Ahora sólo espero mi siguiente despropósito. Me aburro sin el desastre del sudor en mi espalda, y sin los muerdos que recibía en el corazón con cada piropo enfatizado por palabrotas.
Y ahora sólo espero...
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